Tasca per al divendres 7 de Març:
1.- LLig aquests dos textos, fes un breu resum de cada un.
2.- Informa't i dona la teua opinió sobre:
a) l'ús de l'energia nuclear amb fins pacífics (usos mèdics, energètics, indústria...)
b) ús militar de l'energia nuclear
c) creus que aquests dos usos tenen alguna relació? per que?
La advertencia de Fukushima: una lección para el resto del mundo
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179633
Democracy Now!
Desde Tokio.- "Escribo estas palabras de la forma más objetiva posible, con la esperanza de que sirvan de advertencia al mundo", escribió el periodista Wilfred Burchett desde Hiroshima. Su artículo titulado "La plaga atómica" fue publicado el 5 de septiembre de 1945 en el periódico London Daily Express. Burchett logró evitar el bloqueo militar estadounidense de Hiroshima y fue el primer periodista occidental que visitó la devastada ciudad. Escribió en aquel entonces: "Hiroshima no se parece a una ciudad bombardeada. Es como si una aplanadora gigante le hubiese pasado por encima y la hubiera aplastado hasta hacerla desaparecer".
Viajemos 66 años en el tiempo, hasta el 11 de marzo de 2011, y situémonos a casi 1.000 km. al norte de Hiroshima, en la ciudad de Fukushima, tras el gran terremoto que sacudió el este de Japón y provocó un tsunami ese día. Como sabemos ahora, el impacto inicial que dejó 19.000 muertos y desaparecidos fue apenas el comienzo. Lo que empezó como un desastre natural se convirtió rápidamente en un desastre provocado por el hombre, después de que, uno tras otro, fallaran los sistemas de la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi. Tres de los seis reactores colapsaron y comenzaron a liberar radiación a la atmósfera y el océano.
Tres años más tarde, Japón aún sufre los efectos del desastre. Más de 340.000 personas se convirtieron en refugiados nucleares, y se vieron obligadas a abandonar sus hogares y su sustento. El realizador cinematográfico Atsushi Funahashi dirigió el documental "Nación nuclear: la historia de los refugiados de Fukushima". En la película, Funahashi sigue a los refugiados de la localidad de Futaba, donde se encuentra la central nuclear Fukushima Daiichi, en el año posterior a la catástrofe. El Gobierno reubicó a las personas que vivían en Futaba en una escuela abandonada cerca de Tokio, donde viven hacinadas, deben compartir áreas comunes, varias familias deben vivir en una misma habitación y reciben alimentos en caja tres veces al día. Le pregunté a Funahashi qué perspectivas de futuro tienen esas 1.400 personas. "No muchas, realmente. Lo único que dice el Gobierno es que durante al menos seis años después del accidente no podrán regresar a su ciudad".
A los refugiados les otorgaron permisos para regresar a sus hogares para recolectar sus efectos personales, pero tan solo durante dos horas. Al igual que Wilfred Burchett, Funahashi tuvo que infringir la prohibición del Gobierno de viajar a las zonas devastadas por el accidente nuclear para poder capturar con su cámara los momentos dolorosos del regreso al hogar de una de las familias de Futaba. Funahashi me contó que la familia le dio uno de los cuatro permisos que tenía para poder viajar: "Intenté negociar con el Gobierno, pero no me dieron permiso para ingresar. Ningún periodista independiente ni documentalista obtuvo permiso para ingresar a la zona, pero yo me llevaba muy bien con esta familia de Futaba. Me dijeron: ’Está bien, tal vez regresemos allí. Nos dieron cuatro permisos y solo utilizaremos dos, entonces, ¿por qué no vamos juntos?" y Funahashi viajó con la familia.
La negativa del Gobierno japonés a otorgarle el permiso a Funahashi refleja otro grave problema que ha surgido desde que ocurrió el terremoto: el secretismo. El Primer Ministro conservador de Japón, Shinzo Abe, promulgó una controvertida ley de secretos de Estado en diciembre del año pasado. En Tokio, el profesor de la Universidad de Sophia Koichi Nakano sostiene acerca de la nueva ley: "Por supuesto, la ley concierne fundamentalmente asuntos de seguridad y medidas antiterroristas. Pero, cuando cambiaron los parámetros, se hizo cada vez más evidente que la interpretación de lo que realmente constituye un secreto de Estado puede ser algo muy arbitrario, que los líderes de los Gobiernos definen con bastante libertad. Por ejemplo, la ley permite la vigilancia, sin su conocimiento, de los movimientos ciudadanos que se oponen a la energía nuclear, además del posible arresto de sus miembros".
Desde que ocurrió el desastre nuclear, ha surgido un fuerte movimiento de base que reclama el desmantelamiento de todas las plantas nucleares de Japón. Quien era Primer Ministro en el momento del terremoto, Naoto Kan, explicó cómo cambió su posición sobre la energía nuclear:
"Mi posición antes del 11 de marzo de 2011 era que mientras nos aseguráramos de que funcionaran en forma segura, las plantas nucleares podían y debían existir. Sin embargo, tras haber vivido el desastre del 11 de marzo, cambié radicalmente de opinión. Los accidentes, como un accidente de avión, pueden ocurrir. Y, a veces, cientos de personas mueren en un accidente, pero ningún otro accidente o desastre podría afectar a 50 millones de personas. Tal vez una guerra, pero no hay un accidente similar que pueda provocar tal tragedia".
El actual Primer Ministro, Shinzo Abe, líder del Gobierno japonés más conservador desde la Segunda Guerra Mundial, quiere reactivar las plantas nucleares de Japón, a pesar de la fuerte oposición pública. En Tokio, las personas se manifiestan a diario frente a la residencia oficial de Abe.
Sentado entre los escombros de Hiroshima en 1945, el periodista independiente Wilfred Burchett escribió: "Uno se queda con una sensación de vacío en el estómago tras ver una devastación de tal magnitud provocada por el hombre". Los dos ataques con bombas atómicas de Estados Unidos contra la población civil de Hiroshima y Nagasaki siguen teniendo graves efectos en la sociedad japonesa hasta el día de hoy. Del mismo modo, el triple desastre del terremoto, el tsunami y el actual desastre nuclear afectará a varias generaciones. La peligrosa trayectoria que va de las armas nucleares a la energía nuclear está siendo cuestionada por un creciente movimiento popular que reclama paz y sustentabilidad. Y es una lección para el resto del mundo.
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y
Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Los daños nucleares nunca se extinguen
http://www.ipsnoticias.net/2014/02/los-danos-nucleares-nunca-extinguen/
Yasuaki Yamashita en la conferencia de Nuevo Vallarta. Crédito: Emilio Godoy/IPS
NUEVO VALLARTA, México, 13 feb 2014 (IPS) - Durante décadas, el silencio carcomió a Yasuaki Yamashita sobre sus vivencias como sobreviviente del ataque nuclear que Estados Unidos lanzó sobre la ciudad japonesa de Nagasaki el 9 de agosto de 1945.
Yamashita, un artista plástico de 74 años que reside en México desde 1968, rompió los sellos que apresaban su boca en 1995, para contar lo que había vivido aquella mañana que cambió el destino de Nagasaki y del mundo entero.
“Tenía seis años, y vivíamos a 2,5 kilómetros de distancia del punto cero (lugar de detonación de la bomba). Normalmente iba a la montaña cercana para cazar insectos con mis amigos, pero ese día estaba solo frente a mi casa, cerca de mi madre, que preparaba la comida”, relató a IPS este hombre de hablar pausado, pelo blanco y rasgos bien delineados.
Yamashita, que en 1968 vino a México como corresponsal para cubrir los Juegos Olímpicos y se quedó en este país latinoamericano, se sumerge en el pasado para rescatar la escena de su madre llamándolo para entrar al refugio instalado en su casa.
La explosión de una bomba atómica de 50 kilotones en la capital de México causaría un desastre ecológico y de infraestructura equivalente a 20 por ciento de la economía del país.
“Cuando entramos vino una tremenda luz cegadora. Mi madre me jaló al suelo, me cubrió con su cuerpo, vino un tremendo ruido, escuchábamos volar muchas cosas encima de nosotros”, describió.
En derredor solo había desolación, todo ardía, no había médicos, enfermeras ni comida. Era apenas el principio de una tragedia que aún perdura.
A los 20 años, Yamashita empezó a trabajar en el hospital de Nagasaki que trataba a los sobrevivientes de la bomba, al cual renunció años después.
El propósito de la conferencia de dos días, que sigue a la de Oslo en marzo de 2013, es avanzar hacia la abolición de las armas nucleares, pues constituyen una amenaza económica, humanitaria, sanitaria y ecológica para la humanidad y el planeta.
La Secretaría (ministerio) de Relaciones Exteriores de México estima que hay más de 2.000 armas nucleares en “alerta operativa alta”, listas para lanzarse en cuestión de minutos.
“Estas armas son inaceptables. Deben prohibirse, como ha ocurrido con las biológicas y las químicas. No hay capacidad de respuesta nacional o internacional para abordar los daños”, dijo a IPS el investigador y activista Richard Moyes, de
Artículo 36, una entidad sin fines de lucro con sede en Gran Bretaña que denuncia los efectos indeseables de ciertos armamentos.
En febrero de 2013, la institución divulgó un
estudio sobre el impacto que tendría una detonación nuclear de 100 kilotones en la ciudad británica de Manchester que, con su área metropolitana, es hogar de unos 2,7 millones de personas.
El estallido provocaría la muerte inmediata de al menos 81.000 personas, más de 212.000 heridos y lesionados, la destrucción de puentes y carreteras y un perjuicio severo a los servicios de salud. Ello haría imposible acciones de remediación, con graves derivaciones a largo plazo.
La Ciudad de México y su zona metropolitana, donde viven más de 20 millones de personas, también realizó una medición similar. La explosión de un artefacto de 50 kilotones dejaría un área afectada de 66 kilómetros alrededor de la zona cero, con unos 22 millones de perjudicados, entre muertos y heridos, pues la conflagración se extendería a puntos aledaños en el centro de este país.
“Las consecuencias serían graves: pérdida de facultad operativa del sistema de emergencia, eliminación de recurso humano de rescate, de salud, hospitales, clínicas”, explicó a IPS el funcionario Rogelio Conde, director general de Vinculación, Innovación y Normatividad en Materia de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación (ministerio del interior).
“Necesitaríamos ayuda de otros estados mexicanos e internacional como equipo, personal operativo y especializado”, advirtió.
El desastre ecológico y los daños a la infraestructura equivaldrían a una pérdida de 20 por ciento de la economía del país.
Los lugares del planeta que se convirtieron en laboratorios atómicos, como las islas Marshall del océano Pacífico, han padecido diversos daños.
Ese conjunto de decenas de atolones de coral e ínsulas soportó 67 pruebas nucleares entre 1946 y 1958.
“Ha habido problemas ambientales y de salud, aunque no hay estimaciones. Muchos de nuestros sobrevivientes se convirtieron en cobayos humanos en los laboratorios y casi 60 años después aún estamos sufriendo”, denunció el senador de las islas, Jeban Riklon.
El legislador tenía dos años de edad y vivía con su abuela en el atolón Rongelap, cuando Estados Unidos efectuó la prueba Castle Bravo en el atolón Bikini, el 1 de marzo de 1954: una bomba 1.000 veces más poderosa que la detonada en Hiroshima en 1945.
De inmediato, Estados Unidos realizó además un estudio médico secreto para investigar las consecuencias de la radiación en humanos.
Un
informe especial del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas constató en 2012 violaciones al derecho a la salud, a una remediación efectiva y a la rehabilitación ambiental, además de desplazamiento forzado y otras graves omisiones de Estados Unidos.
Las otras cuatro ZLAN corresponden al Pacífico Sur, África, el Sudeste Asiático y Asia Central.
Este tratado ya tiene 161 Estados partes, pero su entrada en vigor depende de que lo firmen y ratifiquen China, Corea del Norte, Egipto, Estados Unidos, India, Irán, Israel y Pakistán.
En la conferencia de Nuevo Vallarta no hay representantes de las cinco grandes potencias nucleares: Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña y Rusia.
“No sé cuántas generaciones tienen que pasar para que esto termine. ¿Por qué hacer sufrir a tanta gente inocente? No hay ninguna necesidad… Por eso, tenemos que hacer muchos esfuerzos para abolir las armas nucleares”, concluyó Yamashita.